martes, 24 de noviembre de 2009

La última pieza de La Máquina

El cable nos trae la noticia fatal: murió Juan Carlos Muñoz, el último sobreviviente de aquella delantera famosa del River Plate de los años 40: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau, artillería y ballet futbolero de "La Máquina", como bautizó el inmortal Borocotó al River campeón de 1941.

Dicen que aquellos "cuarenta" fueron la década del apogeo del tango y el fútbol-arte. Cuenta una leyenda que los jugadores de River, cuando se iban de festejo al famoso Tibidabo de Corrientes entre Libertad y Talcahuano, le pedían al mago del bandoneón, Pichuco, Troilo que tocara el tango de moda, Malena, una letra muy porteña de Homero Manzi a la que había puesto música Lucio Demare. A cambio, los domingos, el gordo Pichuco, sentado en la tribuna les pedía a los cracks de la Banda Roja: !A bailar, muchachos, a bailar! Y los muchachos hacían bailar a los contrarios.

Adolfo Pedernera era el eje del equipo, un centroforward con el 9 en la espalda que jugaba como 10: puro talento, creatividad, exquisitez, finura. A su lado, José Manuel Moreno, un atleta capaz de levantarse en el área llevándose colgado al marcador que lo agarraba, para plantar un cabezazo mortífero,. Era, además, un gambetador eximio. Los dos bajaban para unirse a Bruno Rodolfi y el "Tuerto" Ramos en la media cancha. El goleador era Angel Labruna, implacable y certero como lo definieran alguna vez. Como aleros Muñoz y Aristóbulo Deambrosi hasta que en 1942 llegó Félix Loustau.

Una vieja revista dice que "Muñoz era capaz de hacer por la derecha lo que el legendario Chueco García hacía por la izquierda" mientras describe a Loustau como "valiente, travieso, veloz", con un "freno sorprendente y con toque y preciso manejo de la pelota".

¿Cómo funcionaba esa delantera incomparable?: "Juegan como de memoria. Inventan otro fútbol. Se desmarcan, cambian de posiciones. Además son campeones" dice la revista.

La estadística dice que sólo jugaron juntos 18 partidos. No importa. Bastaron 1.620 minutos para ganarse la inmortalidad.

Alguna vez hubo un debate sobre cómo surgió "La Máquina". Algunos le asignaban el mérito al director técnico de River, Renato Cesarini, diciendo que fue él quien sugirió que Pedernera jugara de centro forward retrasado y que hizo de Loustau puntero en lugar de marcador. El Maestro Adolfo salió al ruedo para aclarar: "Para mí el que la formó fue Carlos Peucelle. Por lo menos en lo que conmigo se relaciona no hubo otro. El fue el que intervino para que de la punta me pasaran adentro. Después, entre todos colaboramos para que el equipo anduviera como anduvo. Peucelle fue director técnico aún siendo jugador".

El recordado "Barullo" Peucelle también fue consultado: "Mentira, yo no hice nada. Lo hizo doña Rosa". Cuando le preguntaron quién era doña Rosa, contestó: "La mamá de Pedernera".

Los grandes de "La Máquina" fueron parte de una era que no se repetirá nunca más en el fútbol del mundo. Ese 1941 aparecieron en las canchas de Argentina René Pontoni en Newell's, Lucho Sosa en Boca, Mamucho Martino en San Lorenzo, Tucho Méndez en Huracán, Julio Cozzi en Platense y Rubén Bravo en Rosario Central. Con más experiencia estaban Antonio Sastre, Emilio Baldonedo, Herminio Masantonio, el Chueco García, Isidro Lángara, Ernesto Lazzati, Piraña Sarlanga, y en gestación se hallaban Néstor Raúl Rossi, Alfredo Di Stefano, Natalio Pescia, Armando Farro, y, en fin, un centenar de cracks que hoy no tendrían precio.

Se fue "Tomate" Muñoz, uno de los últimos representantes del fúlbol romántico, del ballet del césped.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El Balón y la Palabra

Con este título inicié en 2002, a la vuelta de la cobertura de la Copa del Mundo Japón-Corea 2002 como enviado especial de El Diario La Prensa de Nueva York, una columna que significaba la continuación de un trabajo de opinión sobre el deporte en general, y el fútbol en particular, que empezó en 1964 en las páginas del diario El Universo, de Guayaquil, Ecuador.
Tal como había ocurrido con mi trabajo desde 1999 en el diario neoyorkino, la columna tuvo una gran aceptación, motivó adhesiones, discrepancias, comentarios, evocaciones, en fin todo lo que pasa en el mundo del papel y la tinta cuando hay conocimiento, experiencia y honestidad.

Aunque nunca había tenido la oportunidad de conocerlo personalmente, por ser lector de El Gráfico desde mi infancia, fui siempre un seguidor de un gran maestro del periodismo: Emilio Lafferranderie, o El Veco, como es conocido universalmente desde hace más de medio siglo. Compartí con El Veco los Mundiales 2002 y 2006, me hizo el honor de su amistad y fui parte de su "auditorio" cuando, en los pocos instantes de descanso entre viajes largos y partidos de fútbol, nos sentábamos una docena de periodistas de todas partes de América y de España a escuchar al Veco contándonos anécdotas de fútbol y de tango en las que saltaba a cabecear un balón el Charro Moreno, brotaba un "gotán" de Homero Manzi o se deslizaban en un bandoneón los dedos mágicos de Pichuco Troilo.

Ese hermano enorme que es el Dr. Julio Villagrán Lara, presidente de la Asociación de Periodistas Guayaquil, organizó el 29 de agosto pasado un emotivo homenaje en favor mío por los 45 años cumplidos en el periodismo profesional activo, acto al que solidarizaron la M.I. Municipalidad de Guayaquil, mi ciudad, la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Guayaquil, el Colegio de Periodistas del Guayas, que tuve el honor de presidir, y el Círculo de Periodistas del Guayas a través de preseas y conceptuosos pergaminos.

Para mí fue inevitable recordar en ese instante dos consejos que han guiado mi profesión. El primero de ellos me lo dio mi padre cuando le dije que iba a escribir en El Universo, aunque no iba a abandonar mi carrera de Derecho en la Universidad de Guayaquil. "Me parece bien, pero es importante que no olvides esto: nadie se pierde en el camino recto". El segundo proviene de un libro de El Veco, quien lo recibió de don Constancio Vigil: "Si una nota no provoca una sonrisa, no suscita una lágrima o no genera una discusión, esa nota no sirve para nada".

Bajo esas dos banderas de la moral y el intelecto reinicio esta columna, esta vez desde mi propio blog. Acabo de convertirme en un "retirado", que en los Estados Unidos quiere decir un "jubilado". Pero es importante anotar que cuando se es periodista de alma, uno puede jubilarse del trabajo dependiente pero no de la profesión independiente. Sobre todo cuando ésta última condición la ha puesto en práctica a través de la vida.

Hay tantos temas que agitan nuestra inquietud cada mañana. El periodista siente la ansiedad de comunicar porque la expresión de la opinión es la forma más viva de la libertad. La tecnología me permite ser dueño de mi propio espacio donde soy el jefe y el obrero. Aspiro a crear pronto un diario digital. y una revista deportiva porque en Nueva York no existe un medio escrito para el deporte hispano y lo que se brinda es muy poco.

Por ejemplo, me sacude el espíritu deportivo la eliminación de Irlanda con un gol de Francia que debió haber sido anulado. Las múltiples formas de examinar la jugada prueban la mano de Thierry Henry, quien, además, reconoce la falta y pide jugar otra vez el partido clasificatorio a Sudáfrica 2010. La FIFA reacciona con razón: las reglas no permiten repetir. Pero tras el argumento legal surgen otras inquietudes: ¿El árbitro, los jueces de línea y el cuarto auxiliar no advirtieron la falta? ¿O se hicieron los distraidos porque se trataba de Francia y hay jugosos intereses económicos a los que aporta poco Irlanda y mucho Francia? ¿La verdad? En la FIFA se puede creer todo, desde lo sensato hasta lo macabro. No hay que olvidar que uno de los discípulos predilectos de Joseph Blatter es Michel Platiní, aquel gran ex jugador francés, hoy presidente de la UEFA.

Y en Ecuador una guardia pretoriana se hizo presente el viernes en la asamblea del vapuleado Barcelona, único ídolo del fútbol ecuatoriano a pesar de la debacle. Asistieron 200 socios, de 900 calificados para ingresar, y 300 policías de los grupos especiales que regularmente disuelven motines y protestas políticas. Total, nada. "Hay que blindar los estatutos" dijo hace meses el presidente Eduardo Maruri. Y sus expertos legalistas, ayudados por políticos mañosos hoy en desuso, tejieron una trama enrevesada en los reglamentos más impenetrable que el Muro de Berlín. Este se cayó hace 20 años, pero el Muro del Idolo parece que durará un centenario. Hay muchos secretos en los últimos años que nadie quiere que se revelen.

De todo esto y de muchos otros temas vamos a hablar en esta columna. Agradezco a todos mis amigos por leerla, analizarla, coincidir, discrepar, comentarla, elogiarla, maldecirla, reenviarla a otros amigos o echarla al cesto. Por ahora me satisface que conozcan que existe.


NOTA: EN LA FOTO, EL DR. VILLAGRAN ENTREGA A RICARDO VASCONCELLOS UNA PLACA QUE CONTIENE EL HOMENAJE DE LA ASOCIACION DE PERIODISTAS GUAYAQUIL POR LOS 45 AÑOS DE ESTE PERIODISTA EN EL EJERCICIO DE LA PROFESION. EL ACTO SOLEMNE SE EFECTUO EN EL SALON DE LA CIUDAD, EN GUAYAQUIL, EL 29 DE AGOSTO DE ESTE AÑO.