domingo, 21 de agosto de 2011

Un hooligan en la banca del Real Madrid


Los hooligans que tanta muerte y destrucción sembraron en Europa el siglo pasado en el siglo pasado renacen hoy en el espíritu perturbado de un director técnico al que contrató el Real Madrid para conquistar un título y terminar con el apabullante dominio de su odiado rival, el excelso Barcelona F.C. que va camino a ser (si no les ya) el mejor equipo de la historia del fútbol mundial, el elenco que en tiempos de marcaciones, pizarras, sistemas y tácticas para impedir que el juego prospere impone una vuelta al arte. Frente a los enemigos jurados de la estética que creen que para ganar es imprescindible jugar feo, aparece el Ballet Bolshoi del césped que hace aparecer a sus rivales, incluido el Madrid, como una comparsa de curiquingues.


¿Y qué es jugar bien al fútbol? Jorge Valdano tiene una definición: “Todos tocan y se ofrecen; l bordado empieza desde atrás, donde hay que asegurar la salida sin riesgos, el medio centro distribuye con sentido común, los medios de los lados pisan la raya de banda y se muestran en diagonal, el cuarto centrocampista es el transgresor que inventa cosas raras para riiesgar la búsqueda del gol y todos juntos se suman al delantero en la llegada. Es gol o no, ganarán o perderán, pero al final del partido ingleses, españoles, italiano y búlgaros coinciden een el juicio `maravilloso`. ¿Ah,sí? Entonces no pregunten qué es jugar bien. Es eso”. Esto fue escrito en 1997. Barcelona sobrepasó ya la espléndida definición de Valdano. No sólo en cuarto centrocampista es el transgresor. Lo son los once que salen a la cancha.

¿Cómo frenar a este equipo que tiene la fantasía y la precisión con que interpreta la Filarmónica de Londres la mejor sinfonía de los grandes maestros? Pegando, interrumpiendo el juego con recursos selváticos, apagando la luz de la inteligencia a fuerza de hachazos asesinos. Todo esto ordenado por aquellos a los que Valdano llama “los amigos de la brutalidad que creen que la técnica y la fantasía son otro modo de nombrarla ingenuidad y proponen ganar como sea”.

En 2002, en Madrid, en la librería deportiva de don Esteban Sanz Martínez, compré un libro que desde entonces leo con deleite en cada ocasión. Se llama “Salvajes y Sentimentales” y fue escrito el año 2000 por el gran escritor español Javier Marías, un fanático seguidor el Real Madrid, rival en la dialéctica literaria de su afamado colega, ya fallecido, Manuel Vásquez Montalván, un hincha del Barcelona F.C. Se trata de una lectura deliciosa donde Marías se burla del Barcelona de antes de Guardiola, acostumbrado a ver ganar Copas en sucesión a los merengues madrileños. “Se dice que los madridistas no sabemos perder, y nada más cierto, no estamos acostumbrados a ello” escribe Marías y se burla de los catalanes: “El Barcelona ha sido tradicionalmente un equipo exquisito y melancólico, con jugadores delicados dados a la depresión”.

La llegada de Guardiola cambió al Barsa y al fútbol mundial. El Madrid ha debido acostumbrarse a perder cuando se juega el clásico español. Lo acabamos de ver en la Súpercopa de hace pocos días. El triunfo catalán ya no extraña pero lo que deja este trofeo es el rechazo que cada día se teje en el mundo entero en torno al Real Madrid, a sus jugadores y al técnico, el portugués José Mourinho, un atrabiliario y desorbitado sujeto que se sienta en el banco madrileño con el mismo odio con que los hooligans destrozaban todo lo que encontraban a su paso.

El Madrid fue siempre un equipo caballeroso. El mejor del siglo XX según las estadísticas internacionales. El de Di Stefano, Puskas, Gento, Kopa, Del Sol, Butragueño y tantas estrellas. Aquel que fue acusado de ganar tan seguido por influencias de la dictadura del generalísimo Franco ero al que nadie ha podido negar su lugar en la historia por la clase de sus formaciones. Hasta que un día a sus dirigentes se les ocurrió llevar al banco a Mourinho, antes defensivista a ultranza que ganó la Liga de Campeones ante el Inter haciendo jugar a Samuel Eto’o de marcador de punta. Hoy en el Madrid su filosofía parece haber cambiado: la mejor defensa es el ataque, y si es a los tobillos de los adversarios, mejor.

Y es tanta la vergüenza que hoy sienten los verdaderos seguidores de los merengues que hasta Javier Marías ha salido a criticarlo después de los penosos episodios del partido final de la Súpercopa y de las declaraciones del portugués después del partido que ganó el Barcelona. El académico de la RAE, autor de nueve novelas, dos volúmenes de relatos y siete colecciones de artículos y ensayos, en un artículo titulado “Un chamán de feria” publicado en el diario El País, ha dicho: “El Madrid no se quejaba bajo ningún concepto. Si se le anulaba un gol injustamente, era un lance o un azar del juego y había que meter otro, eso era todo. Lo mismo en lo que respectaba a penalties pitados o no pitados, a expulsiones rigurosas o injustificadas, a lesiones de jugadores fundamentales. El Madrid seguía atacando con diez o con nueve, no se daba por vencido, casi ni admitía un empate, sobre todo en su propio feudo". Sobre los técnicos de la época del pudor madridista sostiene: "Sus entrenadores podían tener más o menos talento, pero solían saber dónde estaban y eran educados. Aquí no se buscan excusas, aquí no se protesta, se acepta la derrota cuando el otro ha sido mejor o la suerte no ha acompañado, se intenta el triunfo siempre, aunque se corra el riesgo de salir goleado; aquí nunca se siente uno vencido de antemano".

Con evidente dolor Javier Marías reconoce: "[Florentino Pérez] será un lince para sus negocios, qué duda cabe, pero está demostrando ser un hombre poco inteligente, para haberse entregado a un chamán de feria como Mourinho, alguien mucho menos inteligente aún que él. Un individuo que no sabe de fútbol y al que el Madrid le trae sin cuidado, que no tiene reparo en traicionar su centenaria tradición y en arrojar sobre él una mancha que se hará difícil borrar". Con evidente dolor reniega: "Lo que no puede ser es que el propio equipo dé vergüenza, en el campo y fuera de él: se le toleran el juego pobre y el escaso acierto, los entrenadores rácanos como Capello o Juande Ramos, aun los Presidentes delincuentes, porque éstos, al fin y al cabo, quedan lejos de la hierba y del vestuario. Pero no un entrenador omnipotente, omnipresente y malasangre, un quejica que acusa a otros siempre, un individuo dictatorial, ensuciador y enredador, soporífero en sus declaraciones, nada inteligente, mal ganador y mal perdedor".



No sabemos si la UEFA, con la experiencia de las tragedias provocadas por los hooligans, pondrá un freno definitivo a Mourinho, responsable de repetidas vergüenzas en los últimos tiempos y culpable de mandar a pegar sin piedad a verdugos obedientes como el matarife Pepe, Carvalho, Khedira, Ramos y Marcelo. Mourinho juega con fuego y la UEFA deberá sofocarlo o auspiciar la hecatombe que se aproxima.



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